Con sus 6.384 metros, el Ausangate es la montaña más alta de la región del Cusco y la que más peso tiene en la vida espiritual andina.
Se ve desde la ciudad en los días claros, cerrando el horizonte por el sureste, y se camina alrededor de ella en uno de los circuitos de altura más exigentes del Perú.
La montaña sagrada
En la cosmovisión andina las montañas son apus, seres protectores con carácter propio, y el Ausangate es el apu mayor de esta región.
Las comunidades que viven a sus pies le hacen ofrendas de hojas de coca, chicha y despachos, no como folclore sino como una relación de reciprocidad con quien da el agua y el pasto.
De sus glaciares nacen los ríos que riegan los valles de abajo, y esa dependencia física es la base de su condición sagrada.
Cada año, antes del Corpus Christi, decenas de miles de peregrinos suben al santuario del Qoyllur Rit'i, en un nevado vecino, en la mayor peregrinación andina que existe.
Para el viajero esto tiene una consecuencia práctica: se camina por un territorio que para alguien es sagrado, y eso pide una forma de estar.

Qué se ve alrededor
El paisaje del Ausangate no se parece a nada de lo que se ve en el Camino Inca: aquí no hay bosque, hay puna, glaciar y roca de colores.
Las lagunas de deshielo cambian de color según la hora y el mineral que arrastran, del turquesa al verde botella.
La montaña de siete colores, el Vinicunca, queda en este mismo macizo y debe sus franjas a los distintos minerales de sus estratos.
El valle rojo, menos visitado, tiene un rojo intenso de arcillas ferruginosas que sorprende más que la propia Vinicunca.
Y hay fauna adaptada al extremo: alpacas y llamas por todas partes, vicuñas silvestres, vizcachas entre las rocas y cóndores en las cornisas.

El circuito de trekking
El circuito clásico rodea la montaña en cuatro o cinco días, con campamentos entre los 4.300 y los 4.800 metros.
Se cruzan varios pasos por encima de los 5.000, y el más alto, el Palomani, ronda los 5.200 metros.
La dificultad no está en la técnica, no hay tramos de escalada, sino en la altitud sostenida y en el frío nocturno, que baja de cero casi todas las noches.
Por eso la aclimatación previa en Cusco no es opcional: al menos dos o tres días antes de empezar.
La temporada seca, de mayo a septiembre, es la única razonable; en lluvias los pasos se complican y el frío se vuelve húmedo.
Hay que llevar saco de dormir para temperaturas bajo cero, capas térmicas, protección solar seria y ropa impermeable, y contar con arrieros y alpaqueros locales para las cargas.
Quien busca los colores del Vinicunca sin el compromiso de cinco días tiene la excursión de un día; quien busca la montaña de verdad, camina el circuito.
