El Camino Inca se recorre con un equipo de entre diez y veinte personas que casi nadie sabe de dónde vienen. La mayoría son de comunidades quechuas del Valle Sagrado y de los valles de Lares y Mollepata.
Entender quiénes son cambia bastante la experiencia del trek, y también la manera de comportarse durante esos cuatro días.
Quiénes son los porteadores
La mayoría son campesinos que combinan el trabajo en el camino con la agricultura y el pastoreo en su comunidad.
Trabajan por temporadas y muchos hacen el recorrido decenas de veces al año, cargando el campamento y adelantándose al grupo para montarlo.
El quechua es su lengua materna y para bastantes el castellano es la segunda, aprendida en la escuela o en el propio trabajo.
Los pueblos de origen más frecuentes son Huayllabamba, la única comunidad habitada dentro de la ruta, y localidades del Valle Sagrado como Ollantaytambo, Patacancha o Chinchero.
Huayllabamba es además el primer campamento habitual del trek, así que la ruta pasa literalmente por delante de las casas.

Qué protege la ley y por qué importa
La legislación peruana regula el peso máximo que puede cargar un porteador en el Camino Inca y establece una remuneración mínima.
También obliga a que la agencia cubra su equipo, alimentación y seguro durante el recorrido.
Esas normas existen porque durante años hubo abusos, y siguen sin cumplirse en todas partes.
De ahí que la elección de agencia sea la decisión con más impacto social de todo el viaje: es lo que determina en qué condiciones trabaja el equipo que te acompaña.
Preguntar directamente cuánto cargan y cómo se reparten las propinas es legítimo, y una agencia seria responde sin rodeos.

Cómo relacionarse durante el trek
Aprender cuatro palabras en quechua cambia el trato. Allianchu para saludar y yupaychani para dar las gracias bastan para romper el hielo.
Pregunta siempre antes de fotografiar a alguien, y acepta un no sin insistir.
Aplaudir cuando el equipo llega al campamento se ha vuelto costumbre, pero lo que de verdad se agradece es el trato normal: saludar, aprender los nombres, conversar.
La propina se entrega la última noche, en grupo, y se reparte entre todo el equipo. Darla en mano y por su nombre importa más que la cantidad.
Si llevas ropa técnica o material que no vas a necesitar más, ofrecerlo al final es un gesto habitual y bien recibido.

El intercambio va en los dos sentidos
El turismo es hoy la principal fuente de ingreso monetario de muchas de estas comunidades, y eso tiene dos caras.
Por un lado ha permitido que familias enteras no tengan que migrar a la ciudad; por otro, introduce dependencia de una actividad estacional.
Los proyectos de turismo comunitario, donde la comunidad gestiona directamente el alojamiento y la actividad, son el modelo que mejor reparte el beneficio.
Y para el viajero, esta parte del trek suele acabar siendo la más recordada: no las ruinas, sino la gente con la que se cruzó cuatro días.
