Al pie del Ausangate, en la cuenca de deshielo del glaciar, hay una sucesión de lagunas que se recorren en una sola jornada de caminata.
Es la alternativa menos masificada al Vinicunca, con un paisaje que muchos consideran superior y sin las colas de la montaña de colores.
El paisaje
Las lagunas están escalonadas entre los 4.400 y los 4.700 metros, alimentadas por el mismo glaciar y separadas por lomas de pasto duro.
Cada una tiene un color distinto, del turquesa lechoso al azul profundo y al verde esmeralda, según la profundidad y los minerales que arrastra el deshielo.
La luz lo cambia todo: la misma laguna es turquesa a media mañana y gris plomo a las tres de la tarde.
De fondo está siempre el nevado Ausangate, y en los tramos altos aparecen morrenas y bloques erráticos que dejó el hielo al retroceder.
No hay árboles ni sombra en todo el recorrido, y eso conviene tenerlo presente antes de salir.

Lo que vive aquí
La vegetación es de puna: ichu, almohadillas de yareta que crecen milímetros por año y pequeñas plantas rastreras.
Se ven rebaños de alpacas y llamas de las comunidades locales, que pastan justo hasta el límite del hielo.
Con suerte aparecen vicuñas silvestres, más esbeltas y siempre a distancia, y vizcachas tomando el sol entre las rocas.
En las lagunas hay patos andinos y huallatas, los gansos blancos y negros que casi siempre andan en pareja.
Y en el cielo, además del cóndor, se ven caracaras cordilleranos rondando los rebaños.

Cómo se hace
La excursión sale de Cusco de madrugada, con unas tres horas de carretera hasta la comunidad de Pacchanta o Upis, según la ruta.
La caminata dura entre cinco y siete horas, con desniveles moderados pero acumulados, siempre por encima de los 4.400 metros.
La exigencia no está en la pendiente sino en la altura: hay que haber pasado al menos dos días en Cusco antes de intentarla.
Un plan habitual es terminar en las aguas termales de Pacchanta, con vista directa al nevado, que valen por sí solas el viaje.
Hay que llevar capas térmicas, cortavientos, gorro, guantes, gafas y protector solar de factor alto, porque a esa altura el sol quema aunque haga frío.
La mejor temporada es de mayo a septiembre; en época de lluvias el terreno se embarra y las nubes tapan el nevado casi todo el día.
