Waqrapukara es de los pocos sitios incas importantes que todavía no está masificado, y la razón es sencilla: hay que caminar para llegar.

Se levanta sobre un espolón rocoso a más de 4.000 metros, asomado al cañón del río Apurímac, con dos formaciones de roca que sobresalen del conjunto como dos cuernos.

De ahí su nombre: en quechua, waqra es cuerno y pukara, fortaleza. La fortaleza de los cuernos.

El enigma de su origen

El sitio es anterior a los incas. Se atribuye su construcción original a la cultura Qanchi, que ocupaba esta zona antes de la expansión imperial.

Los incas lo tomaron y lo reconstruyeron, y ahí está la clave para entender lo que se ve hoy: sobre una base local levantaron cantería imperial de primer nivel.

Su función se ha discutido mucho. La forma y la posición sugieren un puesto de vigilancia, pero la calidad de la piedra apunta a un uso ceremonial.

La interpretación más aceptada hoy es que fue un santuario, no un cuartel: un lugar de culto asociado al cañón y a las montañas que lo rodean.

El nombre de fortaleza, en ese sentido, es probablemente un malentendido moderno provocado por su aspecto.

Panoramic view of the horn-shaped Waqrapukara fortress on top of a mountain in the Apurimac River canyon.

Ingenio arquitectónico

Lo que sorprende al llegar es el contraste: la roca es agreste y desordenada, y encima aparece una cantería perfectamente ajustada.

Los muros incas se adaptan a la forma de los peñones en lugar de nivelar el terreno, técnica habitual pero que aquí se lleva al extremo por lo abrupto del sitio.

Se conservan hornacinas trapezoidales de gran tamaño, plataformas y andenes escalonados que se sostienen sobre el vacío del cañón.

Que se trasladara piedra labrada hasta un lugar tan inaccesible dice mucho de la importancia que se le daba.

Y la posición no es defensiva en el sentido militar: es escenográfica. Desde abajo, el conjunto parece brotar de la propia montaña.

Steep stone stairs leading to the horn-shaped peaks of the Waqrapukara archaeological complex under a bright blue sky.

Cómo llegar y qué esperar de la caminata

Está a unas tres o cuatro horas por carretera desde el Cusco, en la provincia de Acomayo, y se visita normalmente en excursión de día completo.

Desde el punto donde deja el transporte hay entre dos y tres horas de caminata de ida, con desnivel moderado pero a mucha altura.

La ruta más común parte de la comunidad de Huayqui; existe otra desde Santa Lucía, algo más larga.

No es un trek técnico, pero la altitud y la distancia lo convierten en una jornada exigente: conviene llegar aclimatado.

Lleva agua suficiente, protección solar, chubasquero y algo de comer, porque en el camino no hay dónde comprar nada.

La mejor época es la temporada seca, entre mayo y septiembre, cuando el sendero está firme y el cañón se ve despejado.

Y sal temprano: el regreso también se hace a pie y conviene no acabar el descenso de noche.

Stone walls and terraces of the Waqrapukara fortress overlooking a deep Andean canyon in Cusco.